El 2 de abril de 2025, Trump bautizó el anuncio de sus aranceles recíprocos como ‘Liberation Day‘. Un año después, México puede presumir que exportó más pero no que creció.
Nuestro país quedó en una posición peculiar: no en la lista de aranceles recíprocos, pero sí con un 25% sobre automóviles y un 50% sobre acero y aluminio. El escenario de colapso exportador que muchos temían, no ocurrió.
Un año después, los números sorprenden: México exportó 6% más bienes a Estados Unidos (por $44,310 millones de dólares en febrero de 2026, comparado con los $41,638 millones en febrero de 2025). El comercio bilateral total en el primer bimestre superó los $147,322 millones de dólares, por encima de los $138,000 millones del mismo período del año anterior, según la Oficina del Censo de Estados Unidos.
Nos consolidamos como el principal socio comercial de Estados Unidos por segundo año consecutivo (16.4% del comercio total, en febrero de 2026), pero hay una paradoja que no podemos ignorar: mientras las exportaciones subieron, nuestra economía creció apenas 0.8% en 2025, un notable decremento respecto al 1.2% de 2024, marcando su peor desempeño desde la contracción de 2020 por la pandemia de COVID-19, según datos del INEGI.
Considero que el haber exportado más y crecido menos no fue por resiliencia de la economía mexicana sino porque el T-MEC nos dió cierta “protección”. Lo cual es una señal de alerta.
Aún cuando Ebrard aseguró hace algunas semanas que el 85% de las exportaciones mexicanas están protegidas por el T-MEC, lo que significa que 15% de la exportación sigue expuesta y recordemos que los aranceles sectoriales siguen vigentes: 25% en automóviles, 50% en acero y aluminio, 17% en tomate.
Además, aunque varias empresarias y empresarios buscaron cumplir los requisitos del tratado para protegerse de los aranceles (el cumplimiento de las reglas de origen del tratado se elevó de 48.6% antes del “Liberation Day” a 75.1% al cierre de 2025), fue una reconfiguración defensiva y no una transformación estructural.
Lo que hicieron bien las empresas que navegaron mejor
Conversando con clientes exportadores, identifico tres patrones que distinguieron a quienes navegaron mejor el 2025 de quienes lo sufrieron más.
Primero, los que revisaron su cadena de proveedores con anticipación. Las empresas que diversificaron su base de insumos, reduciendo la dependencia de proveedores sin T-MEC, particularmente de China (que representa alrededor del 21% de las importaciones mexicanas), enfrentaron menos fricciones en costos y tiempos; quienes no lo hicieron absorbieron el impacto arancelario directo en sus márgenes.
Segundo, los que elevaron su contenido nacional. No solo por cumplir reglas de origen, sino porque entendieron que cada punto porcentual de contenido local reduce su exposición a disrupciones externas y es una ventaja que permanece independientemente de lo que decida Washington. La tendencia es positiva: el valor agregado nacional en exportaciones creció más de 11 puntos porcentuales entre 2012 y 2020, según INEGI.
Tercero, los que aseguraron su liquidez de cadena con anticipación. Los ciclos de pago se alargaron y el capital de trabajo se volvió más escaso para los proveedores por toda la incertidumbre en el comercio global. Las empresas exportadoras que garantizaron flujo financiero a sus cadenas de PyMEs proveedoras mantuvieron ritmos de producción más estables, las que no lo hicieron enfrentaron retrasos que ningún arancel causó, pero que sí afectaron su competitividad.
Lo que viene y no podemos ignorar
El “Liberation Day” cumple un año, pero la historia no terminó. La revisión formal del T-MEC ya inició y la negociación definitiva está programada para julio. En paralelo, el arancel global de 10% bajo la Sección 122 está vigente, con posibilidad de subir a 15%.
Me parece que el error sería interpretar el año pasado como prueba de que México puede seguir operando de la misma manera.
Sí, las exportaciones crecieron a pesar del entorno, pero no gracias a una estrategia nueva. El T-MEC nos protegió, pero no olvidemos que está en revisión.
La pregunta que debemos hacer los que nos dedicamos al comercio exterior no es si sobrevivimos al “Liberation Day” sino revisar si estamos construyendo las capacidades que nos harán competitivos en lo que viene, con o sin tratado favorable, con o sin aranceles reducidos.
Un año después, resistir no es suficiente.

