En México, el estrés laboral dejó de ser un fenómeno invisible, pero sigue sin atenderse de forma estructural. La Encuesta Nacional de Recursos Humanos 2026 de Sesame e isEazy revela una contradicción: las empresas reconocen el problema, pero no logran medirlo ni gestionarlo.
Para Ivonne Vargas Hernández, responsable de revisión académica y contextualización del estudio para Sesame, el reto principal es sistémico.
“No necesariamente es un tema de presupuesto, sino de cómo están organizados los recursos dentro de la empresa”, explicó en entrevista exclusiva para Mundo Fiscal Mx.
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La neutralidad que preocupa
Uno de los datos más reveladores del estudio es que 22% de los líderes de Recursos Humanos no sabe si existen programas de salud mental en su organización, mientras que 21% afirma que no existen.
“Cuando alguien responde neutral, puede significar que no sabe cómo abordar el tema o que no identifica si un colaborador está estresado o en burnout”, detalló.
La falta de claridad refleja un problema más profundo: la ausencia de entrenamiento en liderazgo para detectar riesgos psicosociales.
Sobrecarga laboral: el detonante silencioso
El estudio, en conjunto con otros análisis como el de bienestar laboral en México, apunta a un factor determinante: la carga de trabajo.
“La jornada laboral consume tiempo y energía, lo que impide a las personas desconectarse y recuperarse”, explicó Vargas.
Este escenario genera un círculo vicioso: altos niveles de estrés, baja recuperación y menor calidad de vida.
Tecnología insuficiente para entender al colaborador
Otro hallazgo crítico es que 53% de los líderes de Recursos Humanos no confía en que sus herramientas tecnológicas permitan responder a los cambios del talento.
Actualmente, la tecnología se utiliza principalmente para tareas administrativas, como nómina o incidencias, pero no para medir bienestar.
“Las empresas tienen sistemas para gestionar trámites, pero no para entender cómo se siente la gente o cómo evoluciona su carga de trabajo”, afirmó.
Sin datos no hay estrategia
La falta de analítica impide tomar decisiones informadas.
“Si no puedes preguntarle a tu gente cómo está, documentarlo y darle seguimiento, no puedes generar acciones concretas ni transparentes”, explicó.
Esto limita la capacidad de las organizaciones para prevenir crisis de salud mental y responder a cambios en tiempo real.
Reformas laborales y presión adicional
El contexto se agrava con los cambios regulatorios en México, que exigen reorganizar jornadas y condiciones laborales.
“El cumplimiento normativo se está convirtiendo en una nueva frontera de competitividad, pero sin tecnología y sin datos, las empresas no pueden adaptarse con agilidad”, advirtió.
El cambio pendiente: de reacción a prevención
La conclusión es contundente: las empresas siguen operando de forma reactiva.
“La salud mental no puede abordarse con una plática aislada. Se necesita sistematización, diagnóstico continuo y decisiones operativas que reduzcan la carga de trabajo y permitan la desconexión real”, señaló Vargas.
En ese tenor, el reto no es menor: transformar la gestión de recursos humanos en un modelo basado en datos, prevención y bienestar integral.

